Hay una voz que lleva el viento,
como quisiera que mi voz
fuese en aquella ráfaga hacia ti.
Entre más hablo,
siento que mis palabras
se quedan en mis labios,
dispuestas a salir,
como un fulgor,
esperado por todos
pero visto por pocos.
Por la única mujer que queda,
aun cuando los otros
se han ido a tratar de ahogarse,
entonces puedo comunicarme
y no hay miedo al error,
solo el dulce sabor de mis palabras,
fluyendo hacia tus oídos.
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