Los cadáveres están apilados,
en mi mano el cerrillo
y en mis hombros
el entendimiento creativo.
Mis hermanos tienen coronas,
los dragones tiempo
y sobrantes del deseo.
El diabólico sonido
de los instrumentos,
el chillido de las cuerdas,
el cielo se precipita
sobre los escombros,
las cenizas son llevadas
a los mares y yo,
con mi piel plateada,
reflejo las luces.
La luna me ha sacado
los ojos con una cuchara
Así que solo disfruto
de los gritos desgarradores,
los cuervos sacan la lengua.
Lavando mis cabellos rojos
he retomado el trono,
las trompetas suenan.
Partiendo de la tierra,
rayos salen de mis manos.
Hay algo incongruente
con el hombre,
construye murallas
para que su propia marea
termine tirándolas.
Así que vengo con los libros
sagrados y las condenas,
los cadáveres brillan bajo el sol
y arden en la tierra,
el reinado de lo incompleto
ha comenzado
y al hombre no se le permite
ser uno de los testigos.
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