El sufrir de otros es mí
propio bálsamo de las mañanas,
cuando lloras yo escucho
como esos asesinos a caballo
bajan por las praderas
y matan al amor, matan a la religión,
los escupitajos de dios queman
por eso el semen de los hombres
crea vida, es saliva de dios,
que quema por dentro a la hembra.
Martirio y fascinación por insultos
así todos son, les gusta la actualidad
y las vulgaridades, matar toros,
y follar monos en establos establecidos
celebran lo que más les degrada
en festivales de armas, orgias de traficantes.
Hay pájaros acechadores en matorrales,
tienen su pico amarillo y sus alas rojas
se vuelven azules al probar mi sangre,
rezan, rezan para que muera
como hacen todas esas personas
que acaban de salir de la catedral,
son una masa de ciegos felices
que venden milagros,
que entienden que el dispararse
esta permitido para los impuros,
pero si uno lo hace vamos a infiernos
que se jodan mis recuerdos que me engañan,
espero entre en agonía mi memoria,
y dejarme de sentirme especial.
Hay frases concluyentes aunque estén a medias,
horas antes lo quemados de los incendios
vinieron a mí y cantaron alabanzas
para el Dios Nietzsche y yo reía,
por una teatro repleto de cristianos
que acariciaban leones, los dormían
y luego se lanzaban sobre ellos,
los hacían pedazos, maldita suerte,
benditas alucinaciones visuales
y auditivas que me golpean en esta celda.
La felicidad de otros es mi tormento,
unos creen en la realidad, yo no creo
en las cosas que otros consideran
como sinceras por eso miento,
incluso me escondo cuando
estoy profundizando en la verdad,
maquinaciones en mi contra
complots mejor hechos,
aquí que en España
o en Francia donde solo
te envenenan, aquí inventan
la forma de hacerme pedazos
en un espectáculo de luces
y claro con gran aforo,
buena venta de tickets
para ver al solitario,
que muchas veces se arroja al abismo.
Soy un ataúd de palabras abierto
para que beban de mi todos lo que quieran,
si incluso esos que creen
que pueden arreglar desgracias,
vengan psiquiatras a sacar de mi boca
estas hermosas flores de plástico,
maten al amor, maten a la religión
maten a quien murmura y no los deja dormir,
al pobre poeta que tuerto intenta enfocar
a alguien sobre el escalón con una guadaña,
es mi muerte que me aguarda,
venir cuando ya no les quede tiempo
que les daré mi bálsamo,
por el momento para tener para todos
para ese entonces, sigan sufriendo.
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