Va un barco sin dirección
al desierto de la inacción,
todo esta pálido e inmóvil,
¿que pensaba dios cuando
creo la violencia,
para entretenerse o ser feliz?
Algo tal vez nos quede
por decir, pero no sé si es así,
este problema no es del tiempo,
ni de las palabras
que digo sin querer.
A veces la idea de que algo
existe nos reconforta.
pues al salir de casa,
cerramos los ojos para no ver.
Vuelo por el viento por ti,
soy un flecha si quieres,
pero no apartes el blanco
déjate flechar, déjate herir,
ahí va una fantástica oportunidad
del crear una utopía
antes de morir y desaparecer,
entre las plantas del jardín.
Quien deja de buscar algo,
no está perdido, pero tampoco,
tienen la esperanza que otros
ponen al vivir cotidiano.
El frio no me permite respirar,
van los elefantes a un espejismo
de un oasis, ahí van a morir,
ya que nadie les enseño a amar,
a todos nos educan para aguardar
la muerte sin abrigarnos.
Hay hombres y prostitutas,
los primeros pagan a los segundas,
se les da el cambio de la cena,
es una transacción
para que te hagan ser alguien.
Hay hombres van a decirte
que aman escuchar su voz,
acompañada de percusión
del silencio y del calor.
Los hombres del desierto no saben,
quienes son o bien no creen,
ser lo que pudiesen si se dejaran
llevar por las olas a las orillas.
El fin de los hombres es amar.
a lo que sea, con tal de vivir,
los hombres del desiertos,
y de bodegas de sal,
solo huyen y no se defiende,
es mejor distraerse que enfrentar,
eso pensó dios cuando creo
la violencia entre sus suspiros.
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