Somos atemporales lágrimas
sobre la acera caliente,
donde caminan ciegos y vagos
caballeros y princesas
en desfiles largos,
en adioses
desesperantes.
Hombres virtuosos de las palabras
que cortan las hojas del libro,
que llevan senderos de paz,
esta es mi cuidad, mi eterna guerra
mi descuido existencial.
Ven a robar a mundo conmigo
seremos ricos en infortunios,
siempre los desafortunados
somos los ganadores,
tropezamos con tesoros
aquí y en todas partes,
en botes de basura
y en caminos asaltados.
Quiero ser el rey de las noches
en que somos ladrones,
escondidos en el arbusto
con nuestras pinzas y cuchillas
nuestras dagas listas,
pantalones hambrientos
de billetes, monedas y tarjetas
el ladrón es el mesías de la calle.
Peregrinos de batas rosas
difamadores, hijos del rey
un rey cuya palabra y placer máximo
es la mentira para enemistar
amigos con amigos,
hermanos contra hermanos,
veo caminar hacia mí
el rockero callejero
con su bolsillo repleto de angustias.
Baile agónico,
agito a excalibur sobre mi cabeza,
un tubo de metal que rompe
el cráneo de mi enemigo
¿dónde está mi hijo
el que es verdadero afeminado?.
No tocaremos al heredero,
por eso dejamos abierta la tierra
y cerrados los ojos,
ante mí se abre la trampa
voy a perder contra cobardes,
así llamadme desde la oscuridad
con voz susurrante: D.
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