Pequeño semental de plata
abres el cielo tras de ti,
rasgados tus ojos todo en ello
se convierte en veneno.
Ardo entre los peligros del sabio,
que es sufrir más que estallar,
reír mas que buscar y claro
no pretender patria o monarquía.
Ni monarquía, ni hogar
ni un amor, tampoco un duraznero
nada merezco y todo tengo
¿Qué hare entonces pequeña ave?
No comprendo si debo romper
los miles de platos
de la vajilla imperial,
o quedarme con el martillo,
con el dolor del camino del justo.
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