13 dic 2014

Nichos de luciérnagas

Cenagal de mis brazos,
así como el agua estancada en mis parpados
se han convertido en nichos de criaturas
sorprendentes en la noches de invierno,
rompiendo el silencio son sus alas.

Lodazal de mis rezos,
de cada pedazo de mí que doy al viento,
a lo lejos un hombre toca el acordeón
y yo me desmorono sin saberlo.

Barrizal de mi aliento imperfecto
pero casa de luciérnagas,
para que ellas no tengan miedo
y vuelen como ideas cerca del centro,
produciendo música con su vuelo
de esa forma sé que no voy
ni a la deriva si no a algún puerto.

Ciénaga donde descansan los gigantes
duermen placidos sobre mi espalda,
ven dormidos los mapas
de otras tierras, perdidas encontradas.

Pantano sobre mis mejillas marcadas
por los vientos helados y relojes
que marcan la hora de la comida,
cuando abro mis membranas entran
alegres a protegerse el sol.

Las luciérnagas,
son reflejos al cerrar mis ojos.
me alumbran por dentro
dando resplandor a mi pensamiento,
como un hermoso sonido
ni estridente ni sordo,
entrego mi totalidad a este momento.

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