25 dic 2012

Invernaderos de cristal


Y yo que me prometí no estar,
pero abajo la montañas se consumen
la niebla los cubre, los sueños
flotan por ahí con los fantasmas.

Mis tendones siguen calientes
y repito ese sonido, el odio,
tiene una nota más alta que el amor,
me duele esa parte que no puedo extirpar.

Rompí el vidrio del invernadero
interrumpiendo el crecimiento de los demás,
tenía mi arma lista y dispare entre las rejas,
quedaron libres de cadenas, de agujas blancas
los otros son aditamentos de tortura,
más para aficiones sádicas que para matar.

Atado al puerto queda mi consciencia,
no quiero saber estupideces de mi mente
menos de la ciencia imperfecta, que llamamos dolor.
Hago todo en automático desde las despedidas,
hasta encontrar nuevas construcciones en el océano.

Los marineros bajan con sus arpones
la niebla los acecha y el gran blanco
es quien come sus restos
los deja sobre la arena,
dicho y hecho lo que me permiten
es crear caos que es creación al mismo tiempo
así como la otra cara de la moneda
un holocausto de primaveras.

La crisis sucede ahí en la tierra,
los que vivimos fuera de ese invernadero
no tememos la muerte, esa bastarda es compañera
y se puede beber a tragos mi vida,
hombre muerto acerca tu cara a mí
déjame ver tu sudor verdadero
tu cara de agonía, vivir aburre
cuando dejas que los demás dirijan tu causa.

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