Los hombres besan a las prostitutas
con los ojos cerrados, con mucha fuerza,
las prostitutas los mantienen abiertos,
así como sus piernas tersas,
con una patada se abren los armarios,
ahí está lo hipnotizante,
el primer movimiento al ritmo
de una música fúnebre.
Los espejos de cuerpo entero,
dibujan su desmarcada silueta,
la prostituta de labios
envejecidos y mal pintados,
baila, baila, solo para excitar
y el hombre, ve, ve con una sola razón,
ser excitado por esta mujer bestia.
La mujer baja su cabeza,
hace un ruido extraño,
como el silbido de un pájaro,
al cual está a punto de estallarle
el vientre, por la presión del aire
estalla, su cuerpo gira sin control
y entre más lejos va,
más pequeña se hace la prostituta.
El verdadero arte del baile
frete a los espejos del armario,
consiste en reflejar la incesantes
del los clientes satisfechos,
la mujer ya sea puta, arpía,
o bien otra cosa no gana nada.
La prostituta besa a otros,
con los ojos abiertos,
pues nada tiene que esconder,
ella es al final también,
una insensata figura del espejo.
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