Escrito en colaboracion con Klahana
Inundando mis cenizas en sudor,
sudor de días pasados de vagar
por los cielos pesados de verano,
tragando bocanadas de aire sucio y con olor a sal,
camino una vez más entre piernas mutiladas
encontrando paz sólo en los recuerdos
de maravillosas tardes durmiendo,
sin que las voces dentro de mí hablen.
Veo fantasmas más vivos que en la tierra,
su presencia me reconforta más que tus halagos,
sus caricias de manos frías encienden mi alma,
y tú, como siempre, sigues ahí, sin decir nada.
Porque tu boca está cocida; yo mismo lo hice:
tomé mi aguja y pinché tus mejillas.
Tanto esfuerzo me hizo sudar sin medida,
pero es mejor así que otras melodías.
¿Insistes en dejarme hablar solo?
Quizás entre las telas húmedas
tenga un corazón y un alma,
quiero tenerte cerca de mis brazos
aunque tu respiración sea controlada.
Mis brazos carentes de frio o de calor,
carentes de extraños abrazos,
carente de ti sobre todo, carentes
del gran amor y el hallazgo
de encontrarte nuevamente en mí.
Será mejor que quite mis labios,
mis pies, mis manos, mis dedos,
este cuerpo entero no sirve de nada.
Ni siquiera puedo hacer que llegues,
no puedo sentirte cerca, ni lejos,
seamos pedazos, solamente trozos,
unidos por la única cosa que nos enlaza,
seamos átomos y moléculas,
enlaces químicos en el aire,
fuerzas que se atraen unas a otras
y así, sólo así, puedo esperarte.
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